Revelaciones Revelaciones (Marzo 29 de 2013)
La invocación, es una composición de palabras sencillas y suaves, pero detrás de estas palabras, esta la fuerza conductora de una potencia inigualable.
Jesús ha dicho: "No vengo a traer la paz sino la espada". Aunque definitivamente la paz es lo que traerá. La primera señal en la reaparición de Jesús, se verá en el despertar de la conciencia humana, Él estará presente en la conciencia misma, conforme el corazón y la mente del ser, descubren, experimentan y expresan el principio de Cristo, a través de la correctas acciones y relaciones humana. El reaparece a través de los miles que han renacido, resucitado con Él. La espada de la verdad, muestra al hombre la realidad de la conciencia, la liberación definitiva del amor.
Los discípulos deben aprender a controlar de ahora en adelante el poder de la palabra, ya que la misma, así como tiene el poder para crear, posee también el poder para destruir. La palabra en su buen uso es poesía que, promueve las cualidades de la intuición, la iluminación, la comprensión y el amor, precipita el efecto y expone la causa trayendo consigo la realidad como lo opuesto a la ilusión.
La espada representa la palabra de Dios, y Jesús es su representante Divino en el mundo. La palabra despierta el mensaje del Plan Divino a ser cumplido. La palabra construye el sendero a tomar, el esculpido con la verdad, el amor y la intención en unidad. Por esto, la espada permanece siempre afilada y brillante, lista para dividir y cortar con precisión y destreza.
La palabra transmuta de lo transitorio a lo estable, acerca en el amor y la sabiduría, contiene la virtud de la sanación, pues Dios mismo está en ella. La espada es la aliada del discípulo para dar la libertad a los oprimidos, pues a través de ella penetra en el mundo material el mundo espiritual y con él la fuerza redentora.
La espada nos enseña la justicia y la autoridad superior, la continuidad de la vida después de la muerte.
"No creáis que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer la paz, sino la espada, porque yo he venido a separar al hombre de su padre, y a la hija de su madre, y la nuera de su suegra, y serán enemigos del hombre sus mismos domésticos". (Mt 10. 34-36).
Así como el médico, a fin de conservar el cuerpo, corta lo que tiene por incurable; así mismo como una división fue causa que terminara en la torre de Babel la paz infernal que allí había; así como San Pablo dividió a todos los que se habían unido contra él, porque no siempre la concordia es buena y los ladrones también se unen.
Porque al advenimiento de la fe, el mundo se halla dividido: cada casa tiene sus fieles y sus creyentes, y por consiguiente, un combate beneficioso debe poner fin a una paz mala.
Así yo, he venido a dar comienzo al combate, y la aspereza de las palabras, excitarán más su atención hacia el Padre; porque yo he venido a separar al hombre de su padre, y a la hija de su madre, y la nuera de su suegra, y serán enemigos del hombre sus mismos domésticos.
La espada viene con el poder del juicio, con la severidad destinada para el castigo a los pecadores; es enviada a la tierra para penetrar en los corazones de los hombres. La espada viene para dividir a los cinco habitantes de una misma casa: tres contra dos y dos contra tres. El cuerpo, su alma y la voluntad son los tres primeros; al alma le fue dado el cuerpo y la voluntad al hombre para el uso de ambos. Por la caída de los primeros padres, el pecado paso a ser el padre del cuerpo y la infidelidad la madre del alma, y la voluntad también actúa sobre ellos. Así están tres contra dos y dos contra tres.
Renovados por las aguas bautismales, la virtud de la palabra separa a hombre del pecado original, y el corte de la espada lo separa de las afecciones de su propio pecado e infidelidad. Lo separa de su padre terrenal, el demonio y lo separa de su madre terrenal, lo mundano.
"No he venido para afirmar a los hombres en sus deseos carnales, sino para separarlos con la espada de sus enemigos domésticos".(Marzo 29 de 2013) La invocación, es una composición de palabras sencillas y suaves, pero detrás de estas palabras, esta la fuerza conductora de una potencia inigualable.
Jesús ha dicho: "No vengo a traer la paz sino la espada". Aunque definitivamente la paz es lo que traerá. La primera señal en la reaparición de Jesús, se verá en el despertar de la conciencia humana, Él estará presente en la conciencia misma, conforme el corazón y la mente del ser, descubren, experimentan y expresan el principio de Cristo, a través de la correctas acciones y relaciones humana. El reaparece a través de los miles que han renacido, resucitado con Él. La espada de la verdad, muestra al hombre la realidad de la conciencia, la liberación definitiva del amor.
Los discípulos deben aprender a controlar de ahora en adelante el poder de la palabra, ya que la misma, así como tiene el poder para crear, posee también el poder para destruir. La palabra en su buen uso es poesía que, promueve las cualidades de la intuición, la iluminación, la comprensión y el amor, precipita el efecto y expone la causa trayendo consigo la realidad como lo opuesto a la ilusión.
La espada representa la palabra de Dios, y Jesús es su representante Divino en el mundo. La palabra despierta el mensaje del Plan Divino a ser cumplido. La palabra construye el sendero a tomar, el esculpido con la verdad, el amor y la intención en unidad. Por esto, la espada permanece siempre afilada y brillante, lista para dividir y cortar con precisión y destreza.
La palabra transmuta de lo transitorio a lo estable, acerca en el amor y la sabiduría, contiene la virtud de la sanación, pues Dios mismo está en ella. La espada es la aliada del discípulo para dar la libertad a los oprimidos, pues a través de ella penetra en el mundo material el mundo espiritual y con él la fuerza redentora.
La espada nos enseña la justicia y la autoridad superior, la continuidad de la vida después de la muerte.
"No creáis que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer la paz, sino la espada, porque yo he venido a separar al hombre de su padre, y a la hija de su madre, y la nuera de su suegra, y serán enemigos del hombre sus mismos domésticos". (Mt 10. 34-36).
Así como el médico, a fin de conservar el cuerpo, corta lo que tiene por incurable; así mismo como una división fue causa que terminara en la torre de Babel la paz infernal que allí había; así como San Pablo dividió a todos los que se habían unido contra él, porque no siempre la concordia es buena y los ladrones también se unen.
Porque al advenimiento de la fe, el mundo se halla dividido: cada casa tiene sus fieles y sus creyentes, y por consiguiente, un combate beneficioso debe poner fin a una paz mala.
Así yo, he venido a dar comienzo al combate, y la aspereza de las palabras, excitarán más su atención hacia el Padre; porque yo he venido a separar al hombre de su padre, y a la hija de su madre, y la nuera de su suegra, y serán enemigos del hombre sus mismos domésticos.
La espada viene con el poder del juicio, con la severidad destinada para el castigo a los pecadores; es enviada a la tierra para penetrar en los corazones de los hombres. La espada viene para dividir a los cinco habitantes de una misma casa: tres contra dos y dos contra tres. El cuerpo, su alma y la voluntad son los tres primeros; al alma le fue dado el cuerpo y la voluntad al hombre para el uso de ambos. Por la caída de los primeros padres, el pecado paso a ser el padre del cuerpo y la infidelidad la madre del alma, y la voluntad también actúa sobre ellos. Así están tres contra dos y dos contra tres.
Renovados por las aguas bautismales, la virtud de la palabra separa a hombre del pecado original, y el corte de la espada lo separa de las afecciones de su propio pecado e infidelidad. Lo separa de su padre terrenal, el demonio y lo separa de su madre terrenal, lo mundano.
"No he venido para afirmar a los hombres en sus deseos carnales, sino para separarlos con la espada de sus enemigos domésticos".
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